2015년 4월 2일 목요일

La semilla de Dios, la semilla de Abraham y la semilla de los gentiles

La semilla de Dios, la semilla de Abraham y la semilla de los gentiles

Texto de referencia: Gn 21:13, Jn 1:13, Gn 21:21


Históricamente en la Biblia, el 9º descendiente de Adán quien apostató fue Noé, el 10º descendiente de Noé fue Abraham.

Sara fue la esposa de Abraham, y Sara tuvo una sirvienta llamada Hagar.  El hijo de Abraham que nació de Hagar fue Ismael, el hijo nacido de Sara fue Isaac.  Ismael fue el hijo mayor e Isaac fue el hijo menor.  Ismael nació de una sirvienta, mientras que Isaac nació de la mujer como fue prometido (Gn capítulo 16-17, 18:1-15, 21:1-7).

Dios dijo a Abraham, “tu descendencia se establecerá por medio de Isaac” (Gn 21:12Z).  Su semilla, en otras palabras, cuál es el criterio para ser un hijo es la ley de la palabra de Dios.  Es por ello que si no es de la semilla de Abraham, se lo puede llamar gentil.  Ismael nació de la semilla de Abraham.  Uno podría preguntarse “sin embargo ¿por qué no es semilla de Abraham?”  Esto es porque la ley es la palabra de Dios.

 Hagar e Ismael fueron echados de la casa de Sara e Isaac, y vivieron en el desierto de Parán (un desierto de la parte central de la península de Sinaí), éste desierto está cerca de Egipto.  Ismael se casó con una mujer egipcia (Gn 21:8-21), lo que en Génesis capítulo 6 muestra que los hijos de Dios se casaron con las hijas de la tierra y se volvieron mortales.  Era imposible que la gente pudiese vivir en los desiertos de Parán, Sinaí ya que no había agua ni plantas.  La gente que vivía en este desierto se expandía hasta Egipto, volviéndose uno con los egipcios.

Fue después que Abraham buscó a Hagar e Ismael para ayudarlos, al igual que Abraham en Egipto, Jacob en Egipto, Moisés empezando su obra en Egipto, Jesús yendo a Egipto (Mt 2:13-23) fue uno de los procesos para que Dios pueda realizar su obra.

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La esclava de Abraham, Hagar, también fue egipcia, al igual que la esposa de Ismael (Gn 16:3, 21:9).  El pueblo de Israel tuvo su comienzo con el hijo de Isaac, Jacob (Israel), no se les estaba permitido casarse con otro pueblo (Gn 34:15-16, Dt 7:1-3, Jos 23:12-13).  Es acá que la era de la ley empieza a surgir efecto.


Desde la era de Adán el que apostató, hasta los descendientes de Abraham, hasta antes de Jesús, son aquellos que nacieron de la semilla física.  Ellos por igual no cumplieron con el pacto de Dios.  Todos por igual en la era de Adán, la era de Noé, la era de Moisés defraudaron a Dios.

Es por ello que Dios prometió un nuevo plan (refiérase en Is 14:24).  Fue prometido a través de los profetas del Antiguo Testamento (Jer capítulo 31).  Esto no se refiere a la semilla física de Abraham, sino a la semilla de Dios.  El nuevo acto es sembrar la semilla de Dios (Mt 13:24), éste es el Nuevo Pacto.

Aquellos nacidos de la semilla de Dios no nacen de lo físico ni la sangre, nacen de Dios (Jn 1:13).  La semilla de éste Nuevo Pacto fue sembrado por 2 mil años (la predicación del evangelio), creció y es en esta era que se cosecha los frutos de la semilla sembrada.

En el capítulo 24 de Mateo (versículos 29-31), también en Lucas capítulo 13 (versículos 28-30), Apocalipsis capítulo 14 (versículos 14-16) aquel quien cosecha es Jesús y sus ángeles, se cosecha con la hoz quien es un cuerpo.  En otras palabras, Jesús utiliza a una persona (que lleva la palabra de Dios) para cosechar.


Uno de los cegadores es el espíritu, y el otro es el cuerpo. Jesús y su ángeles vinieron a cosechar a los hombres nacidos de la semilla de Dios, Jesús siendo espíritu junto con sus ángeles obran a través de un cuerpo físico (la hoz).

Aquellos nacidos de la semilla de Dios no tienen la imagen de los hombres de la apostasía de la semilla de Adán (Adán, Noé, Abraham, Moisés), sino que tienen la imagen y semejanza de Dios.

Tal y como es visto en la transfiguración (hágase referencia en Mt 17:1-8), aunque nos vestimos físicamente de un cuerpo, nuestro espíritu no proviene de la semilla de Abraham ni de la genealogía (del hombre), tampoco de la semilla de los gentiles ni la del hombre.  Solamente proviene de la imagen y semilla de Dios. Si dejamos de vestir el cuerpo podemos ver el espíritu, la ropa que el cuerpo vestía desparecerá cuando nos revistamos del Espíritu Santo.

La semilla (la palabra) sembrada crece en la tierra de nuestro cuerpo, y al crecer en un árbol el ave (el Espíritu Santo) viene a posarse en él para siempre.  El hombre de la semilla de Dios puede dejar de vestir del cuerpo o seguir vestido de éste.

Al igual que la apariencia de Jesús durante la transfiguración, la gente que será transformada en el toque de la séptima trompeta no morirán lo que significa que su cuerpo será incorruptible (1 Co 15:51-54), en Juan 10:35 “Dios llamó dioses a aquellos para quienes vino la palabra” y en Hecho 17:29 también está la misma palabra de que somos descendientes de Dios.

De la misma forma, llegar a ser un “dios” es ser un dios a través de la semilla de Dios.  En Génesis 6:2 se los llama los “hijos de Dios.”

Nuestra fe es conocer al verdadero Dios, su voluntad, y hacer según su voluntad.  Y es así que podremos ser descendientes de Dios y ser hijos de Dios.  Ésta es la familia del reino de Dios (reino de los cielos).

Entre los gentiles están los físicos y espirituales.  Desde el pecado cometido por Adán, se vuelven en gentiles de la apostasía.  Y está la tradición como Isaac, el hijo de la promesa de Dios, y los gentiles como Ismael.

 Después de Jesús, ésta la tradición que empieza con aquellos nacidos de la semilla de Dios y están los gentiles que no nacen de la semilla de Dios pero nacen de la semilla del dragón.  Y los idólatras también que dicen no haber nacido de la semilla del dragón nacieron de la semilla corrupta de Adán que los hace gentiles.

Si en el transcurso de mil años no nace un evangelio eterno de esta tierra, si otra vez no podemos lavar nuestras ropas vamos a ser llamados mil años después como gentiles para ser consumidos por fuego.  Hoy en día estamos en el primer juzgamiento, mil años después será el segundo juzgamiento (Ap 20:11-15).

Los que resucitan en la primera resurrección de hoy en día (Ap 20:4-6) son bendecidos. No existe mejor secreto que éste.  Y hoy en día se determinará quienes son los verdaderos gentiles y los de la verdadera tradición.

Referencia: http://cafe.daum.net/scjschool/E3qZ/595

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